martes, 29 de mayo de 2012

pimas y opatas


PIMAS Y ÓPATASPDFImprimirCorreo electrónico
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Sábado 10 de Julio de 2010 17:07
PIMAS Y OPATAS
Cuando los españoles llegaron a Sonora los indígenas estaban sufriendo cambios de los que sabemos muy poco. Hay indicadores de la distribución de lenguajes que sugieren condiciones de inestabilidad. Uno de los aspectos más interesantes y oscuros es la peculiar distribución del lenguaje pima por más de 1500 kilómetros. En el extremo sur de esta región vivían los tepecanos y al norte de ellos estaban los tepehuanes.
La rebelión tepehuana no era solamente local. Afectó a otras tribus de la Sierra Madre como a los acaxee, los chínipas, y como ya lo hemos visto, los tarahumaras y los líderes tepehuanes -Quautlatas y Coxogito- intentaron incorporar a éstas y otras tribus. En Sonora el capitán Hurdaide apenas había terminado sus campañas contra tehuecos, zuaques y sinaloas y sintió que era necesario continuarlas entre los tepehuanes para evitar que el conflicto se extendiera hasta el Golfo de California.


Es obvio que los mensajeros tepehuanes habían hecho contacto con gente pima como nuris y yécoras. Aunque los yaquis no tenían interés los españoles temían que se unieran a la rebelión. La rebelión tepehuana mostró la existencia de comunicaciones entre las tribus de Durango y del sur de Sonora.

PIMAS
Algo que facilitaba la comunicación era la existencia de un lenguaje común -el pima. El tepecano y el tepehuán se diferencian muy poco del lenguaje de los pimas del sur de Sonora que los españoles llamaron nebomes. Es curiosa su prolongada y sinuosa distribución; desde las altas montañas del sur hasta los valles del desierto del río Gila el lenguaje pima era utilizado por miles de personas. Es probable que en 1600 los límites oeste y sur del territorio pima estuvieran siendo presionados por los ópatas. Debido a ello los ópatas de los valles del río Sonora y río San Miguel se enemistaron con los pimas del noroeste. Parecía ser que los ópatas también avanzaban sobre el río Yaqui empujando a los pimas de las rancherías de la región de Tónichi. Hay evidencias de que los pimas estaban presionando contra los yaquis y esto provocó la lucha entre ellos. A la llegada de Hurdaide a territorio mayo había constantes luchas entre pimas y yaquis al igual que entre yaquis y mayos. Existían otras causas para estos conflictos pero la tenacidad con que los yaquis protegían los límites de su territorio sugiere que se encontraban bajo presión y que venía de sus vecinos del norte -los pimas.
Los primeros reportes españoles describen a los pimas como dedicados agricultores con rancherías bien organizadas y sin interés por la guerra. Las presiones entre ellos y los yaquis parecían ser inducidas por sus vecinos del norte; los ópatas eudeves. En 1540 Cabeza de Vaca atravesó el territorio pima y cientos de ellos se sintieron tan atraídos por sus historias de españoles que lo acompañaron hasta el río Sinaloa donde se establecieron en un lugar llamado Bamoa a más de trescientos kilómetros al sur de su territorio. Provenían de las rancherías del río Nuri un tributario del Yaqui. Tal éxodo de familias parece extraño a menos que estuvieran insatisfechos con su vida en Sonora. Se hicieron famosos en los anales españoles, prosperaron y de inmediato aceptaron el cristianismo cuando los jesuitas llegaron a su región en 1591. Se mantuvieron en contacto con la gente del río Nuri y debieron haber sido una fuente de información acerca del avance español y de las ventajas y desventajas de la vida misional. Esto parece haber provocado una disposición generalmente favorable a los españoles.
En 1609, los pimas y los mayos se aliaron con Hurdaide y proporcionaron tropas para su ataque a los yaquis. Para 1615 muchas rancherías habían solicitado misioneros aunque no había suficientes jesuitas para satisfacer la demanda de los que los solicitaban. Algunos pimas decidieron que no podían esperar a que los misioneros vinieran a ellos. En 1615 cerca de 350 familias de varias rancherías emigraron hasta Bamoa en donde Hurdaide y los jesuitas les prepararon una gran ceremonia y los acogieron en la vida en misión. Los resultados debieron haber sido favorables ya que el siguiente año 250 más se mudaron a Bamoa.
Para 1617 la población de pimas cristianos en Bamoa era de más de un millar. El padre Pérez de Ribas recibió la visita de un líder pima que pidió un misionero y prometió comenzar a construir una iglesia pero la misión tuvo que esperar hasta 1619. En ese año el padre Guzmán bautizó a 1,600 pimas de regiones no especificadas antes de la llegada del padre Burgencio. Los misioneros les dieron el nombre de nebomes a todos los grupos que hablaban el pima. Burgencio llegó a las rancherías cercanas a Buenavista, Cumuripa, Tecoripa, y Suaqui Grande. En menos de una año bautizó a casi nueve mil y cuando Pedro Méndez comenzó a trabajar con los ópatas todos los nebomes de abajo ya estaban dentro del sistema de misiones. Desgraciadamente no existe información de actividades en estas misiones por un lapso de casi 150 años.
Dos años después de la reducción de los nebomes de abajo el jesuita Vanderzipe fue enviado a trabajar con los nebomes de arriba. Estos eran pimas que vivían en rancherías en el río Yaqui y se extendían al hasta el pie de la Sierra Madre. Los nuris que no habían ido a Bamoa formaban parte de ellos junto con la gente de Onavas, Movas, Yécora y Maicoba. En 1622 los pimas aceptaron a Vanderzipe y construyeron iglesias en Onavas y en Movas. En 1626 murió Hurdaide y todos los líderes de las rancherías del territorio de la pimería baja fueron al funeral en San Felipe junto con otros líderes indígenas de la región. Después del funeral el gobernador Perea ordenó la detención de varios líderes nebomes porque existía el rumor de que se planeaba una rebelión y pensó que podía obtener información de ellos. En Movas hubo reacciones inmediatas de los parientes de los detenidos que incendiaron la casa del padre Vanderzipe y atentaron contra su vida con una flecha envenenada. Recibió una herida de la que nunca sanó satisfactoriamente y le causó molestias por el resto de su vida. Sin embargo la mayoría de los habitantes estaban a favor del misionero y calmaron a los que intentaron matarlo. En los siguientes ocho años se construyeron iglesias en Nuri y Tónichi y se fundó un seminario en Nuri aunque la acción de Perea dificultó el trabajo de los misioneros. En la rebelión de 1633 intentaron matar al padre Olimano y a un líder bautizado y se envió una pequeña expedición de soldados en 1634. Los líderes eran los parientes de los hombres que habían sido detenidos por Perea y con ayuda pima los soldados capturaron a catorce de ellos y los ejecutaron de inmediato. Ahora había iglesias en cuatro lugares -Onavas, Movas, Tónichi y Nuri- pero tuvieron que pasar cuarenta años más para que se fundaran misiones de la región de Yécora y Maycoba.
En 1740 la pimería baja se unió a mayos y yaquis en su más grande rebelión contra el control español. Algunas de las más fuertes batallas se libraron en territorio pima cerca de Tecoripa y años después hubo señales de descontento en la pimería baja donde un grupo conocido como los sibubapas se unieron a los seris contra los españoles. Se rindieron en 1755 y fueron llevados a San Marcial pero en 1768 y 1770 se rebelaron denuevo junto con los seris. Hubo un brote que fue rápidamente aplastado y fue provocado por un antiguo gobernador de Tecoripa en 1766. Estaba molesto contra un misionero que había ordenado que lo azotaran; una fuente común de descontento contra los misioneros de este periodo.
En 1678 se reportó más de cuatro mil pimas alrededor de nueve misiones en su territorio cerca de Maicoba y que en Onavas había 875. Cerca de un siglo después había sólo tres mil en la pimería baja con ocho misiones en quince comunidades. Dentro de la misma región había varias minas pequeñas con una población de 792 españoles o gente de razón.
Los primeros 150 años en los pimas fueron caracterizados por un deseo de contactos al extremo de provocar migraciones, aunque este éxodo sugiere insatisfacción dentro de su propio territorio. Las causas de la rebelión de 1740 es explicable por el trato del gobernador contra los líderes y sólo unas cuantas familias participaron. La población española que aumentó lentamente mientras que la población indígena disminuía aunque la proporción de españoles y pimas no fue tan dispar como la proporción entre españoles y ópatas. Cuando los pimas pelearon contra los españoles fue en conjunto con mayos y yaquis y después con seris. No hay evidencias de que contribuyeran con liderazgo de importancia en estas rebeliones sino que fueron seguidores de líderes mayos y yaquis. Además de las muestras de aprobación por su pacifismo y laboriosidad hubo muy poco interés en los reportes -en contraste con la preocupación hacia yaquis y ópatas. Tal vez esto era porque la pimería baja era un grupo relativamente pequeño; tal vez porque su territorio no era tan rico como el ópata y el yaqui.
OPATAS
Los resultados del programa jesuita en el centro de Sonora fueron diferentes de los obtenidos entre tarahumaras, mayos y yaquis debido a la naturaleza de contacto y a las estructuras sociales. Esta combinación junto con las técnicas jesuitas produjeron resultados contrastantes. En el primer siglo y medio de contacto los ópatas se acercaron mucho más que los tarahumaras a la asimilación aunque durante ese periodo no se llevó a cabo en su totalidad.
La gente del centro de Sonora no fue considerada por los jesuitas como un solo grupo y sus cálculos eran correctos aunque una vez que trabajaron en sus rancherías se percataron de que tenían creencias y costumbres relativamente uniformes. No había identidad de lenguaje como en el caso de yaquis o mayos ni siquiera el grado de similitud que existía entre los tarahumaras. Debido a estas diferencias de lenguaje los jesuitas hicieron distinción entre ópatas del sur y ópatas del norte. Los del sur vivían en los valles de los ríos Matape, Moctezuma, y parte media del Yaqui, con centros de población en Saguaripa, Batuc, y Matape; otra rama de esta división vivía a lo largo del río San Miguel cerca de Opodepe. El lenguaje de estos grupos del sur y del oeste recibió el nombre de eudeve. Los ópatas del norte vivían en muchas rancherías diseminadas en los valles a lo largo de todo el río Bavispe, parte alta del Moctezuma, y partes media y alta del Sonora. Su territorio se extendía desde las Montañas Huachuca del sur de Arizona hasta el centro de Sonora. El lenguaje de esta gran división era relativamente uniforme y fue llamado ópata o tegüima. Los misioneros se dieron cuenta que estaban tratando con gente que carecía de unidad tribal como lo refleja el hecho de que llamaran a eudeves y ópatas por el nombre de sus líderes e.g. Sisibotari, o por el nombre de sus rancherías e.g., Huazabas, Batuc, Huepac, o por grupos de rancherías, e.g. Aibino, Bacerac.
Los primeros contactos con eudeves no fueron amistosos. No hay duda de que el pueblo de Corazones fundado por Coronado en 1540 fue en el interior de territorio ópata. Se conocen solamente dos detalles acerca del lugar: duró unos cuantos meses y fue totalmente destruido por los ópatas del grupo Babiácora-Banámichi. Las fuentes aseguran que Alcaraz, lugarteniente de Coronado, se quedó para construir un asentamiento y se comportó como su superior obligando a los indígenas a trabajar para ellos y robó mujeres para los placeres de sus soldados. En cuanto vieron el comportamiento de los españoles los atacaron y los mataron. Dos huyeron para contar la historia.
En 1564 en el este de Saguaripa hubo otro encuentro violento del que se sabe muy poco. Cuando de Ibarra ordenó que se continuara la exploración que Coronado había comenzado se enfrentó a una fuerza de ópatas o eudeves. Aunque obtuvo la victoria no le dio seguimiento y se dirigió al río Yaqui abandonando el territorio sin haber encontrado minas. No existen fuentes de los efectos de este encuentro y no se mencionan más contactos hasta el principio el sigl

En el momento en que los jesuitas comenzaban su trabajo con los mayos Pérez de Rivas oyó hablar acerca de un líder de los indígenas de Saguaripa y fue a investigar. Encontró a Sisibotari y entablaron una larga conversación y Pérez de Rivas se regresó con la impresión de que había conocido al mejor de todos los indígenas que había conocido hasta entonces. Aplaudió su dignidad, su habilidad y su sabiduría así como su actitud hacia los jesuitas. La admiración fue mutua y Sisibotari visitó San Felipe donde conoció a Hurdaide y a los jesuitas que trabajaban en la región.

Pidió que enviaran misioneros a su gente que vivían en setenta rancherías cerca de Saguaripa. Dado que no había misioneros disponibles en ese momento -en realidad no había suficientes para satisfacer la demanda de los yaquis- Pérez de Rivas no pudo satisfacer la solicitud de Sisibotari. Sisibotari se mantuvo en contacto con los españoles y trajo a once niños para que fueran a la escuela de San Felipe en el seminario jesuita. Sisibotari murió en 1619 y no pudo ver el inicio del programa jesuita entre su gente pero su interés y la alta estima en que tenía al trabajo de los jesuitas los dio a conocer en las setenta rancherías donde tenía influencia.

Cuando el padre Pedro Méndez hizo una breve visita a Saguaripa en 1621 le pidieron que construyera una iglesia pero tuvieron que esperar seis años antes de tener un misionero. El veterano de las misiones de Sonora y Sinaloa que había llevado a cabo la triunfal conversión a gran escala de los mayos; el padre Pedro Méndez, vino a vivir y a trabajar entre las rancherías de Sisibotari en 1627. Méndez fue recibido de la manera en que los indígenas de Sonora reciben a los misioneros el día de hoy; de rodillas y con cruces en sus manos marcharon en procesión junto con el misionero pasando entre arcos de carrizo verde. Todos los ópatas de la región de Saguaripa estaban listos para recibir el bautismo.

En un lapso de seis meses se habían construido tres iglesias -en Saguaripa, Arivechi y Bacanora- y permanecieron pacíficas durante este periodo del programa. El ahora septuagenario Méndez permaneció con ellos por espacio de nueve años y estableció los cimientos del trabajo misionero con la ayuda de Cruz Nesve, un líder de los eudeves. Con excepción de un atentado por parte de un ayudante a quien Méndez había despedido hubo fricciones. Para 1678 más de tres mil eudeves y ópatas habían aceptado la vida en seis misiones -Saguaripa, Teopari, Onapa, Bacanora, Arivechi y Malzura. También habían algunos jovas en el proceso de ser asimilados cultural y lingüísticamente por los ópatas.
En otra parte del territorio había gente de cultura y lenguaje similar a de la gente de Sisibotari pero que políticamente estaban totalmente separados. Algunas de estas personas fueron conocidos como albinos y estaban cercanamente asociados con los eudeves del valle de Matape.

En 1622 los albinos se opusieron a los misioneros que trabajaban en la pimería baja. El problema fue tan serio que Hurdaide envió a dos mil soldados a la región y derrotaron a los indígenas en una sangrienta batalla. A esto siguió la entrada de dos jesuitas que bautizaron a cuatrocientos niños en Matape y Tepuca. Pero no hubo misionero residente hasta 1629 en que llegaron los padres Azpilcueta y Cárdenas.

Los misioneros encontraron oposición recurrente. La demostración de fuerza de Hurdaide había estimulado la oposición a los españoles y siete años después de los primeros bautizos los chamanes habían hablado en contra de los misioneros y se habían opuesto a las visitas ocasionales de los que trabajaban en la pimería baja.

En vez de dar la bienvenida a los dos nuevos misioneros con cruces y arcos la gente se mantuvo alejada de ellos y no hubo bautizos a gran escala. La gente de Batuc no aceptaba que vinieran los misioneros y esto era provocado por gente que había sido bautizada y se había vuelto en contra. Azpilcueta enfrentó esta resistencia con fuertes medidas en vez de llamar y de acuerdo a su propio reporte se negó a llamar a los soldados.

Primero precipitó una crisis en la tumba de un líder -que había muerto por un rayo- donde la gente hacía ceremonias que los protegían de los rayos. Azpilcueta les lanzó un sermón refiriéndose a la ceremonia como superstición y les exigió que aceptaran al dios cristiano, luego procedió a la destrucción de la tumba y del esqueleto del líder. En vez de provocar una acción violenta se ganó su lealtad.

En otra ocasión Azpilcueta y unos seguidores se enfrentaron a un grupo armado que lo amenazaba de muerte y de destruir su iglesia. Tomó un arcabuz y les disparó provocando su dispersión. De acuerdo al relato de Azpilcueta estas medidas cambiaron la actitud de la gente y trabajó por ocho años continuó sin incidentes. Le construyeron una iglesia en Batuc y puso los cimientos para trabajar en el río San Miguel al noroeste de donde los eudeves vivían. Para su muerte en 1637 ya había preparado un vocabulario y una gramática de su lenguaje.
En 1638 había más de 4,600 eudeves viviendo en once misiones dentro del valle de Matape, sobre el río Moctezuma cerca de Batuc y en las misiones de Opodepe, Cucurpe y en el río San Miguel. Se fundó una escuela en Matape que se convirtió en un centro de alfabetización y educación cristiana para los indígenas del centro de Sonora. Para 1640 la parte oeste y sur del territorio ópata había sido evangelizada.
A principios de 1636 los misioneros entraron al valle del río Sonora al lugar donde Corazones había sido fundado un siglo antes. Un jesuita portugués de apellido Castaño se ganó una gran reputación entre los indígenas; era un hombre inusual de piel muy oscura y a recibió el apodo de "Padre Indio". Era un buen lingüista y músico. Mendigaba por comida entre y era popular y exitoso en su trabajo en las rancherías del río Ures. En 1639 Castaño y Pantoja bautizaron a gran cantidad de personas en el área de Corazones y en unos cuantos meses había más de 4,346 habitando en las misiones de Babiácora, Acontzi, Banámichi y Sinoquipe.

El estilo de vida y los métodos de Castaño eran motivo de preocupación para sus superiores; temían que por su acercamiento los indígenas le perderían el respeto. Fue enviado a otra misión a pesar de que para 1640 las misiones que había fundado eran prósperas y contaba con la estima general gracias a su maestría y al uso de la lengua nativa en sus sermones.
Durante la primera mitad de la década de 1640 se detuvo el avance jesuita en el río Sonora debido a problemas entre las autoridades civiles y religiosas. Perea, el capitán general de Sinaloa-Sonora, proponía la separación de Sonora con el nombre de Nueva Andalucía. Al mismo tiempo intentaba que Sonora cambiara de jurisdicción jesuita a franciscana.

Trajo a cinco franciscanos a Banámichi y propuso que fueran enviados a las misiones sobre los ríos San Miguel, Sonora, Moctezuma y Bavispe pero los jesuitas se opusieron al plan y Perea tuvo que abandonar la idea por órdenes del virrey. Durante la década de 1640 Perea intentó llevar a cabo varias reducciones con el uso de la fuerza entre los pimas (hymeris), los ópatas y los sumas de los afluentes del Bavispe. Estas campañas no tuvieron el menor éxito y con la muerte de Perea en 1644, el programa jesuita de nuevo se expandía hacia el norte y el este. Cuando el padre Jerónimo de la Canal (1648) continuó el programa del río Sonora encontró descontento en toda la región inclusive en Sinoquipe; el antiguo lugar de trabajo de Castaño.

En ninguna de las rancherías que visitó fue recibido con cruces y arcos aunque tampoco con violencia. La resistencia era pasiva y por lo menos en una ocasión hubo discusión. En Sinoquipe no querían saber nada de Canal pero tras su insistencia consiguió que las madres comenzaran a traer a los hijos para que recibieran el bautismo. En Arispe la resistencia era similar pero la milagrosa curación de una mujer que había sido herida con una flecha en un accidente provocó el acercamiento de gente y líderes. En Cacubarunichi la gente huyó a esconderse e intentó asustar al misionero pero cuando insistió en quedarse uno de los líderes se sentó a su lado y comenzó a explicarle su propia religión. Le explicó que toda esa región había sido creada por otro dios y no por el dios cristiano. También mencionó casos que probaban que el bautismo no curaba a nadie y que el ritual cristiano no era eficaz para nada en particular. Estos argumentos del líder ópata convencieron al misionero de que estaba completamente inspirado por el demonio y abandonó la región sin haber logrado una sola conversión. Canal reportó después de que en todas estas rancherías la gente se bautizó y que poco después de 1648 se construyeron tres iglesias. En 1646 cuarenta rancherías del río Moctezuma fueron reducidas por el padre del Río y construyó dos iglesias en Oposura y Cumpas. Entre 1645 y 1651 se dio la aceptación del bautismo y se llevó a cabo la construcción de más iglesias en el valle del Bavispe aun entre los huazabas que Perea había intentado reducir por la fuerza. Para la década de 1670 se habían fundado misiones a todo lo largo de los ríos Sonora, Moctezuma y Bavispe y el sistema había alcanzado las fronteras con sumas, apaches y jumanos. En 1688 había veintidós misiones donde vivían cerca de diez mil ópatas.
Ningún incidente que se pudiera considerar como brote de rebelión, ni siquiera una seria división, se llevó a cabo desde 1696 hasta el siglo XIX. En 1696 se llevó a cabo la única rebelión ópata bajo el sistema misional. El líder Pablo Quilme de Bacerac comenzó a protestar en contra de los presidios de Fronteras y Janos, diciendo que los españoles habían llegado y se habían invadido tierras de Bacerac y de otros lugares del río Bavispe. Protestó contra la toma de hombres y niños para trabajar como sirvientes para los españoles. Su punto de vista tuvo respuesta entre los ópatas de Cuchuta, Teuricachi y Cuquiriachi y se planeó una rebelión que fue descubierta antes de que se pudieran organizar. En 1697 diez líderes fueron colgados y Quilme fue ejecutado en Janos.
A pesar de la gran extensión de su territorio y la dificultad de su terreno montañoso aceptaron el sistema de misiones en un lapso de veinte años. Si analizamos las diferentes regiones por separado vemos que cada una fue reducida en un año o dos a partir de la llegada del misionero -aun más rápido que entre mayos y yaquis. Los eudeves de Saguaripa fueron reducidos en 1627, los eudeves de Matape y Batuc en 1629, los eudeves del río San Miguel alrededor de 1630, los ópatas de la parte media del río Sonora en 1639, los ópatas de la parte alta del río Sonora en 1648, los ópatas del río Moctezuma en 1644-46, los ópatas huazabas en 1651 y los ópatas del río Bavispe en 1646. La imposición del sistema de misiones fue casi tan pacífica como entre mayos y yaquis aunque hubo oposición que fue eliminada por medio de persuasión o por la técnica de destrucción de ídolos. Una vez que los jesuitas fundaron sus misiones no experimentaron rebeliones a pesar de que la intrusión de colonos fue más intensa que entre los tarahumaras.
Desde la década de 1680 en adelante hubo dos aspectos en la vida de Sonora que afectaron a los ópatas de las misiones. Uno fue el rápido crecimiento en la cantidad de colonos y el otro fue el aumento de los saqueos de los apaches. Además los mineros se habían adelantado a la llegada de los misioneros y había minas en Cumpas y Nacozari al tiempo que se construían las iglesias de Saguaripa y Matape.

Se siguieron abriendo minas de oro, plata y plomo. Antes de la fundación de Alamos se reportó que había mil españoles en Sonora y Ostimuri y en 1764 había 4,266 españoles tan solo en la región de las misiones de ópatas y eudeves. Había 1,266 en el distrito de Oposura, más que en cualquier otro, debido al gran desarrollo minero de San Juan Bautista.

Pero había cientos de españoles adicionales de mineros o fundando ranchos y haciendas en la región ópata y había centros con una población de españoles que variaba de cincuenta a quinientos: Arivechi, Saguaripa, Fronteras, Chinipa, Sinoquique, Opodepe, Tuape, Batuc y Rebeico. El norte de Sonora tenía en ese tiempo dos haciendas y veintidós pueblos con población de españoles. La distribución de estos lugares indica que no había una área ópata que no estuviera invadida por españoles.

Cuarenta y ocho pueblos y ciento veintiséis haciendas y ranchos habían sido abandonados. Esto indica una población flotante debido al trabajo en minas y al abandono forzado por los saqueos de seris y apaches. En 1778 Arispe, el corazón del territorio ópata, se convirtió en la capital de la provincia con una población de mil quinientos; mil de ellos eran indígenas. En un siglo y medio las comunidades indígenas habían sido infiltradas por los españoles mientras que cientos de indígenas habían sido llevados a vivir a los pueblos y a los distritos mineros. Pero la población de ópatas y eudeves declinaba. En 1688 había 4,329 eudeves y 10,045 ópatas viviendo bajo influencia misionera y un número indeterminado que no vivía en las misiones aunque se creía que eran unos cuantos centenares. Cuarenta y dos años después ambos grupos habían declinado a menos de la mitad -los eudeves a 2,265 y los ópatas a 4,901. En 1764 la situación seguía casi igual -2,265 eudeves y 4,735 ópatas. De una población de casi quince mil indígenas se había reducido a menos de la mitad en medio siglo.

Era menos del doble de la población española en las mismas regiones y hay que recordar que existía una población adicional en las regiones cercanas de la pimería alta y baja así como en Alamos. Contrastaba con el aislamiento de yaquis y tarahumaras durante los primeros cien años de vida en misión a pesar de que se fundaron grandes centros de población española cerca de los tarahumaras. Las causas de la declinación de la población ópata durante este periodo fueron registradas de manera muy pobre. Hubo epidemias de enfermedades nativas y europeas que fueron mencionadas por los misioneros.

También existe la posibilidad de que la declinación sea más aparente que real debido a que los censos de población se aplicaban solamente a las comunidades de las misiones y los indígenas estaban siendo atraídos hacia los poblados españoles al mismo tiempo que muchos se mudaban lejos de los misioneros después de un entusiasmo inicial.
Las guerras con otros indígenas del noreste y contra los apaches contribuyeron a su declinación. A partir de 1686 la vida de los ópatas comenzó a ser afectada por saqueos de los indígenas del norte y esto sucedió por más de un siglo y medio. La parte del territorio más poblada de los ópatas, la región norte, se convirtió en un campo de batalla durante ese tiempo.

Los problemas con indígenas en el norte de Chihuahua provocaron la construcción de los presidios de Janos y Casas Grandes. En 1686 jocomes y apaches del este de Janos atacaron los asentamientos de los ópatas al norte de Cuquiriachi y los españoles decidieron establecer otro presidio al oeste de Janos para tratar con jocomes y sumas; Fronteras. Los ópatas que vivían en Corodequatzi se mudaron a las misiones de Teuricachi y Cuquiriachi. A partir de entonces, la guerra con los grupos del norte fue constante. En 1696 y con cuartel en San Juan Bautista, se fundó la Compañía Alada que organizó campañas en 1694, 1695 y 1696 y los españoles comenzaron a hacer uso de los guerreros ópatas en estas campañas.

En la de 1694 una fuerza combinada de ópatas y pimas triunfaron en Cuchuta donde los ópatas comprobaron su habilidad contra los apaches. Los ópatas tomaron bandos con los españoles contra los apaches mientras que la línea de presidios se extendía al oeste incluyendo Terrenate, Tubac y Altar. En 1756 un grupo de ciento cuarenta arqueros ópatas fue tras los apaches hasta el río Gila. A partir de entonces hubo tres compañías de ópatas al lado de las fuerzas regulares en los presidios y fueron utilizadas para repeler ataques de conchos y jovas.
Como aliados de los españoles los ópatas estaban protegiendo tanto sus comunidades como las españolas. Sus comunidades cargaron con el peso de los saqueos una vez que los españoles abandonaron las minas del norte y los ranchos y haciendas en la región. No sabemos cuántas comunidades ópatas fueron abandonadas, cuantos murieron como soldados o civiles ni hasta que grado fueron empujadas hacia el sur y el oeste. Podemos pensar que hubo pérdidas, abandono de asentamientos y como consecuencia grandes niveles de desorganización y ruptura comunitaria.

Esta condición aunada a la infiltración de españoles justo antes del inicio de los ataques apaches provocó un gran nivel de asimilación cultural. Los registros de los misioneros mencionan muchas parejas de españoles con mujeres ópatas. En la mayoría de los escritos españoles se indica que la mayoría de los ópatas era considerada como "civilizados".

Esto indica que muchos ópatas hablaban español y que había relaciones formales entre familias de españoles y ópatas a través del sistema de apadrinamiento. Estas relaciones son diferentes a las de españoles y tarahumaras en Chihuahua donde los españoles se negaban a mezclarse con ellos basados en la desigualdad racial.
El programa jesuita no afectó a los ópatas de la misma manera que a los yaquis. Entre estos últimos, las circunstancias eran tales que la unidad tribal fue reforzada por el trabajo de los misioneros y por la organización comunitaria que ellos introdujeron.
Es posible aislar algunos de los factores que parecen haber provocado resultados diferentes entre los ópatas. En primer lugar la densidad de población era mucho menor que la de los mayos o yaquis. Los ópatas estaban diseminados sobre la mayoría del estado de Sonora habitando los valles de los ríos y sus lugares de asentamiento estaban separados unos de otros por lo accidentado del terreno de manera que había poca comunicación entre ellos.

Mientras que las comunidades tipo ranchería como las yaquis y de otros indígenas de Sonora eran grandes se pone en duda que las rancherías ópatas alcanzaran las mismas dimensiones. Los reportes de los misioneros muestran comunidades de tres o cuatro mil alrededor de la iglesia entre mayos y yaquis mientras que después de los esfuerzos de los misioneros por concentrar la población ópata ninguno de sus pueblos fue mayor a mil quinientos y casi todas eran de entre ciento cincuenta y seiscientas personas.

Todos los asentamientos de los yaquis y mayos constituían una región de comunicación mientras que los ópatas estaban agrupados en secciones aisladas en los valles de los ríos y constituían seis o siete unidades geográficas diferentes. Sauer ha estimado la población ópata al momento de contacto en sesenta mil. A juzgar por los registros de los jesuitas este número es demasiado alto. Un estimado más realista basado en estos registros sería de alrededor de veinticinco mil. En cualquiera de los dos casos hay un gran contraste con los valles del Yaqui y Mayo donde se concentraron hasta treinta mil en cada caso aun antes de que se fundaran las misiones.
A juzgar por los fragmentados registros es obvio que entre los grupos de rancherías ópatas había constante rivalidad y hostilidad en lugar de una cooperación cercana. Aun las comunidades de los valles de los ríos estaban separadas a veces por asuntos como depósitos de sal. Sinoquipe y Banámichi estaban aliadas contra Huepac y Acontzí mientras que Opodepe y San Miguel estaban enemistadas contra varios grupos del valle del mismo río Sonora.

Estas condiciones influenciaron el trabajo de los misioneros y en vez de que todos fueran bautizados al mismo tiempo los ópatas fueron bautizados en diferente tiempo por diferentes misioneros. Los prolongados preparativos de Sisibotari contrastan con la prolongada conquista de los ópatas albinos. La resistencia de huazabas al intento de conquista de Perea contrasta con la indiferente bienvenida de los misioneros a la parte media de los ríos Sonora y San Miguel. De esta manera tenemos que los contactos específicos con los grupos ópatas presentan una gran variación.
Aun más, los misioneros se comportaron de manera muy diferente. La agresiva oposición de Azpilcueta y la destrucción de objetos de rito nativo contrasta con la amabilidad de Castaño. Las habilidades de Méndez y sus tolerantes relaciones con los sisibotari fueron muy diferentes a los primeros contactos y argumentos de Canal.

Parece ser que los ópatas ya estaban divididos entre ellos mismos y que el programa jesuita no hizo nada para cambiar esta situación y hubo diferente trato con las diferentes comunidades. El proceso fue diferente al del territorio tarahumara, en el sentido de que los ópatas ya estaban inclinados a vivir en comunidades más compactas de forma que cuando iniciaron su trabajo este procedió rápidamente sin dar tiempo a que la población se dividiera en contra y a favor de los misioneros.

Si hubiera existido una gran unión entre los ópatas es muy posible que los resultados hubieran sido muy parecidos a los de los tarahumaras. Hay algo que sugiere esto en la inicial actitud de hostilidad de las rancherías del norte de Sonora cuando se acercaron los misioneros veinticinco años después de que los ópatas del sur habían aceptado la vida en misiones. Sin embargo el faccionalismo tarahumara no se desarrolló en una escala comparable.
Otra diferencia de los contactos ópatas con los de los tarahumara, mayo o yaqui está en la naturaleza del asentamiento español en la región. En esto se parece un poco más a la situación tarahumara que a la situación mayo o yaqui. Los contactos eran contemporáneos con las misiones. Al declinar su población bajo el sistema de misiones -al igual que casi toda la población indígena en Nueva España- la población española creció rápidamente durante los primeros cien años.

Hubo señales de insatisfacción contra los misioneros, igual que entre los tarahumaras, pero no se rebelaron contra la población española con la misma magnitud. Las relaciones español-ópata eran muy diferentes a las español-tarahumara o existió alguna otra circunstancia que evitó los mismos resultados.

El peso de la evidencia favorece a una diferente relación español-ópata. Con la excepción de la insatisfacción por el comportamiento español del líder ópata y su intento de rebelión en Bacerac se mencionan muy poco los trabajos forzados, invasión de tierras y otras fuentes de insatisfacción indígena. En lugar de ello se mencionan constantemente las buenas relaciones existentes entre ópatas y españoles. Sin lugar a dudas, los españoles consideraron que los ópatas tenían hábitos y actitudes que facilitaban la tendencia a aceptarlos en un nivel de igualdad.

Los intercambios matrimoniales, las relaciones de apadrinamiento y los buenos comentarios acerca de su forma de trabajar, su valentía y su grado de "civilización" son indicadores de que los españoles no los consideraban seres inferiores como calificaron a los tarahumaras. La tendencia era hacia la cooperación y la mezcla en lugar de la separación y la hostilidad.

Esta tendencia pudo haber sido por la compatibilidad entre las culturas española y ópata pero también pudo haber sido el resultado de la alianza en contra de los apaches. Ambos grupos encontraron un interés común en un esfuerzo por proteger sus comunidades. Una vez que demostraron su determinación para pelear contra los apaches era del interés español mantener esa situación.

También era del interés ópata tener una buena disposición hacia los españoles de manera que mantuvieran sus soldados y sus presidios contra los apaches y así poder conservar sus comunidades. Esta pudo haber sido la base del conjunto de relaciones que contribuyeron a la asimilación cultural de los ópatas.
A diferencia de mayos, yaquis y seris, el ajuste de ópatas y pimas bajo el régimen mexicano fue relativamente fácil y sin sobresaltos. Después de una influencia inicial de los yaquis sobre los ópatas no se desarrolló un fuerte nacionalismo ni mostraron la resistencia que mostraron los seris. La población a principios del siglo XIX tal vez era una tercera parte de la de los yaquis; menos de diez mil. Debido al mayor grado de intercambio matrimonial su cantidad fue mucho más difícil de determinar y su población estaba mucho más diseminada que la de los mayos y yaquis.
Aun así los ópatas era un grupo distinto a principios del siglo XIX. Algunos pelearon entre las tropas del gobernador Conde contra los insurgentes en la Guerra de Independencia y se distinguieron en la batalla de Piaxtla en Sinaloa donde Conde derrotó a los insurgentes. En 1820 parte de la guarnición del presidio de Bavispe era de ópatas y se rebeló contra el trato injusto del pagador. Se les unieron otros ópatas de Arivechi, Pónida, Saguaripa y Tónichi. Después de demostrar su habilidad en el campo de batalla y de ganarse una reputación de valientes fueron derrotados por una fuerza mucho mayor a sus quinientos guerreros aunque en la batalla principal los mexicanos fueron derrotados. Los disturbios terminaron con la ejecución de los líderes Dorame y Espíritu. El descontento continuó y alcanzó a los pimas que estaban diseminados en el territorio ópata y en 1825, algunos ópatas y pimas se unieron a Juan Banderas el yaqui que proponía un estado indígena independiente. En 1829 el distrito de Moctezuma se convirtió en escenario de una gran rebelión cuando el español Antonio Archuleta buscaba el apoyo de los ópatas para restaurar la monarquía española. Su plan proponía el regreso de las misiones del periodo colonial. Consiguió despertar interés y se aseguró el apoyo de varios líderes -Dolores Gutiérrez, Miguel y Bautista Sol, y Antonio Baiza- pero el complot fue descubierto antes de que la rebelión iniciara. Banderas intentó de nuevo obtener la independencia en 1832 y los ópatas tenían más interés mayor al que le habían mostrado en la década de 1820. El plan de Banderas incluía ganar el control del este de Sonora para que las regiones controladas por los yaquis y ópatas pudieran tener comunicación. Esto involucraba a la pimería baja que vivía desde Tónichi hasta Buenavista.

Gran parte de la lucha de la rebelión se centró en este corredor entre ambos territorios y se unieron a Banderas siguiendo el mando de Dolores Gutiérrez. La combinación de ambas fuerzas fue derrotada con prontitud. A partir de entonces sus actividades militares estuvieron del lado de los comandantes mexicanos en vez de hacer otras alianzas.
Sin embargo estuvieron muy involucrados en otros aspectos de la lucha en Sonora. No eran gente "pacífica por naturaleza" como lo sugieren fuentes posteriores. Ópatas de Batuc, Tepupa, Matape y Álamos pelearon con los mexicanos contra las fuerzas invasoras de Estados Unidos en Guaymas en 1847. En la década de 1850 proporcionaron apoyo militar a Gándara en sus esquemas para mantenerse en el poder.

En el intento de 1856 para ganar el poder se inició la rebelión entre los ópatas de Saguaripa. El siguiente año tuvo el apoyo de tropas de la pimería baja de Onavas y ópatas y pimas de Tónichi. Para el año de 1859 cuando Gándara fue expulsado del poder contaba con el apoyo de ópatas, pimas, mayos y yaquis. En el curso de la lucha del caudillismo de Gándara dos líderes ópatas se convirtieron en comandantes militares; los hermanos Juan y Refugio Tanori. La derrota de Gándara de 1859 no los expulsó de la turbulenta escena política de Sonora.
Cuando los franceses intentaron tomar el control de México Refugio Tanori, al frente de miles de ópatas y pimas del centro de Sonora, se declaró a favor del imperio de Maximiliano. En los dos años siguientes peleó como uno de los más importantes comandantes de las tropas imperiales dando apoyo a los comandantes imperiales que lucharon en Sonora. Uno de sus más grandes triunfos fue la toma de Nacori Grande en 1866. En ese mismo año los imperialistas fueron derrotados por el general Pesqueira. Después de que Tanori encontrara refugio en territorio yaqui y luego intentara escapar de Sonora a través del Golfo de California, fue capturado y ejecutado. En sus últimas palabras declaró que había peleado al lado de la causa imperialista porque creía que después de su triunfo la vida social de Sonora sería regenerada. Al mismo tiempo que el liderazgo de Tanori había llevado a mucho ópatas a pelear a favor de los imperialistas, otros peleaban en su contra, como el caso de las tropas que seguían las órdenes de Pesqueira. Aunque la mayoría de ellos se aliaron con la causa conservadora la historia de los ópatas es difícilmente distinguible en la historia de México. Es como si la tribu ópata fuera menos y menos fácil de distinguirse después de la derrota de Banderas y de Dolores Gutiérrez en 1832. Es cierto que los libros de texto del estado de Sonora siempre mencionan que Refugio Tanori era un líder ópata. Pero es obvio que se refieren a un comandante militar y no a un jefe tribal. En sus últimas palabras testifica que era un patriota mexicano que había peleado por su nación.
A partir de la ejecución de Refugio Tanori los libros de texto no vuelven a mencionar a los ópatas como un grupo distinto excepto cuando se trata de hacer notar un contraste favorable entre ellos y otros grupos indígenas de Sonora. Cuando la legislatura estatal hizo la petición de tropas para controlar a los yaquis en 1880 no menciona a los ópatas dentro de la lista de grupos indígenas. Era tan débil el reconocimiento de su existencia que a sus principales comunidades se les refería como pimas y la palabra ópata no se menciona en la petición. Un poco después el gobernador Ramón Corral escribió un resumen de los indígenas de Sonora y los menciona: "Son inclinados al trabajo, inteligentes, dóciles y obedientes de las autoridades y tienen muy buenas costumbres: son muy poco adictos a la embriaguez, al robo, y a otros vicios que desafortunadamente son tan comunes entre las demás tribus del país; viven del trabajo honrado y se dedican a atender sus familias y a educar a sus niños".

O otro historiador de Sonora, sumándose a Corral, escribió en 1902 que los ópatas se "distinguen por sus tendencias pacíficas y su amor por el trabajo". Ellos han "manifestado la mayor simpatía hacia la raza blanca, mezclándose con ella poco a poco". Continua: "Desde la conquista hasta nuestros días, todos los gobiernos han podido utilizar los servicios de estos dóciles y devotos indígenas, a veces en la guerra contra los apaches, y otras veces contra ejércitos extranjeros, y en otras en las revoluciones locales del estado".

Un estudiante de asuntos indígenas de Sonora, concluyó: ..."dentro de poco tiempo esta tribu, reconocida como la más valiente de las tribus de Sonora, perderá las características que la distinguen, mezclándose con los pápagos y pimas y con el resto de la población del estado".
Tales declaraciones son totalmente unilaterales y reflejan las buenas relaciones entre mexicanos y personas de descendencia ópata durante la última mitad del siglo XIX. Revelan mucho acerca de la actitud de los mexicanos pero no nos dicen nada de la identidad ópata como grupo étnico o su estado de asimilación. Tal información deberá ser el producto de trabajo de campo ya que los estudios históricos no lo proporcionan.

El contraste de los escritos de los mexicanos acerca de los ópatas y pimería baja con el de los reportes acerca de los yaquis, mayos y seris, es la importante ausencia de conflicto en los procesos de aculturación que se estaban llevando a cabo en el siglo XIX en el territorio pima y ópata. Los hechos tomaron un giro diferente al del resto de Sonora.

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